OGIJARES DA EL CANTE

EL IDEAL-M.ROJAS

 

 

 

'El Cabrero' salió a las 2 de las mañana. El frío comenzaba a notarse en un recinto al aire libre que reflejaba el fin del verano. Pero esta sensación de desasosiego y algunas estrellas en el cielo hacían aún más especial la intervención de José Domínguez. Tras superar unos problemas de sonido, el cantaor bromeó con los técnicos y el público. Una de sus virtudes es vivir sin prisa, y de la misma manera canta. Con la complicidad de Rafael Rodríguez a las seis cuerdas desarrolló su estilo sobrio y austero pero con una fuerza tremenda. La soleá sirvió de entrada a un precioso soneto de Borges al que ningún purista pudo poner un 'pero'. Sin embargo, 'El Cabrero', queramos o no, es un símbolo de la lucha política en este país, un icono cultural de una época donde había que medir las palabras para poder ser libre. Este argumento reunió a un amplio sector militante granadino que vibró con este fandango: «Yo soy un hombre de izquierdas y quiero que mi camino huela a rosas y no a mierda». Tras la ovación más cerrada de la noche, el de Aznalcóllar se definió como «aficionao» y habló de las primeras aguas en el campo. Ya había hecho unas seguiriyas llenas de personalidad al igual que su recreación de 'Carcelero', pero el as que guardó en su garganta hasta el final fue el de los fandangos de Alonso, esos que dignifica junto a camaradas como Arcángel. Todo estaba ya hecho cuando dejó de cantar a pesar de la insistencia de los presentes. «Aunque esté muy a gusto queda otro compañero detrás», dijo el cantaor

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